De mi ventana a la Plaza

primero-de-mayo1Fue como abrir una ventana y asomarme. Nuevamente percibí el aire, el sol y vi nuestro cielo azul. Frases agresivas interrumpieron mi virtual encuentro. Las consignas marcaban el paso, algunas frases sonaron  irónicas en mis oídos: ¡Qué clase de pueblo tenemos! Y eso mismo me pregunté al oír cifras irreales rebotando en las banderas de un desfile escoltado por fornidos y sospechosos albañiles de un conocido contingente.

Trabajadores que exigen la liberación de prisioneros que tienen mejores condiciones de vida que ellos mismos y el fin de un embargo que al cabo de tantos años es como el llanto plañidero de un avaro que duerme en un colchón de plumas mientras sus hijos piden limosnas.

Los miré un rato y pensé en los ausentes. Los que decidieron no gritar consignas huecas, ni marchar al paso de nadie. Siempre los ha habido y los habrá. Muchos de ellos tuvieron un día un encuentro con Alguien que echa fuera el temor. Junto a los arriesgados, serán los que marcarán la pauta para un nuevo día.

“Bendito sea Jehová, porque ha hecho maravillosa su misericordia para conmigo en ciudad fortificada.

Decía yo en mi premura: Cortado soy de delante de tus ojos;

Pero tú oíste la voz de mis ruegos cuando a ti clamaba.” Salmo 31:31

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