Ley versus Familia

Acaba de ser deportada después de muchos años trabajando, contribuyendo y tiene dos niños menores de edad que la necesitan, los cuales hicieron una huelga de hambre con la esperanza de que la orden se detuviera, pero no fue así. Hoy, esos niños viven con una tutora, el papá espera ser deportado en cualquier momento y vive como un fugitivo de la justicia. ¿Habrá un final feliz para esta historia?
Después de esperar varios años su visa, dos jóvenes se tiraron al mar en una embarcación. Tres años de búsqueda y la madre pide ayuda ante las cámaras de televisión. Se aferra con uñas y dientes a su corazonada maternal y envía mensajes a “alguien” que le pueda dar algo más que esta punzada que a veces como la llama de una vela, parpadea y no quiere apagarse por completo. ¿Volverá a abrazar a sus hijos?
En la Oficina de Intereses de Estados Unidos en la Habana un joven reclamado por su padre, solicita parole para su esposa y le es negado porque el trámite es “a consideración del cónsul”. Puede llevar al niño consigo y debe tomar la decisión en cuatro horas, suficiente para que la madre entienda que el pequeño de cinco años debe quedarse con ella. Cuando la Oficina cierra sus puertas, varias familias celebran “la buena voluntad del cónsul”, pero esta se acaba de romper para siempre. ¿Deben los niños quedar huérfanos a consideración de un funcionario?
La familia separada por la ley, que olvida entre tanto incisos que esta es la célula principal de la sociedad y que al dividirla, traen males mayores. En el plan original, Dios creo primero el matrimonio y les dio la capacidad de tener hijos para perpetuar la humanidad.
Dijo Jesús: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo. Así que ya no son dos, sino solo uno solo. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.” Mateo 19:5b-6
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