No más violencia: tu opción

bandera y perroEn los 80 acompañamos a una amiga a abordar el ómnibus hacia El Mosquito. Nos esperaba un grupo amenazante y aunque sus niños se taparon los oídos,  dudo que hayan olvidado las atrocidades que les gritaban en la nuca.

Semanas después, mi hermana daba a luz mientras el hospital era bombardeado por hordas vociferantes que alteraban a bebés y sus madres. La gestiones humanitarias del director del hospital para que cesaran,  fueron inútiles.

Al doblar de mi casa, a un joven le partían un brazo mientras defendía a su hermana. Habían quedado solos, su padre había salido del país, pero ellos recibían los actos de repudio de su padre ausente. Años más tarde salían del país con rostros envejecidos.

No muy lejos, la fachada de la casa de una maestra fue llena de obscenidades,  y algunas se pueden leer todavía por encima de las capas de pintura. Sólo cuando la violencia derivó en muertes, el estado comenzó a controlar los actos hasta eliminarlos.

Pero siempre hubo la opción de no participar. Nadie estuvo obligado a maltratar, a golpear,  e incluso matar en contra de su voluntad. Ni siquiera se debe ser un simple espectador de tanto odio visceral. La opción sigue en pie y la decisión de no dañar a nuestros compatriotas pudiera ser el comienzo al diálogo y a la libertad.

“Considera al íntegro, y mira al justo; Porque hay un final dichoso para el hombre de paz.” Salmo 37:37 (RV60)

“Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.” Mateo 5:9 (NVI)

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