“Probablemente Dios no existe.

busDeja de preocuparte, disfruta la vida”. Es el título de una campaña que comenzó en el Reino Unido por un grupo de libres pensadores ateos, se extendió a España y llegó a Estados Unidos. Ellos decidieron expresar y enfatizar sus ideas rentando ómnibus por varios días. Por su parte, los evangélicos en España respondieron con ómnibus que decían una frase de Gandhi: “Cuando todos te abandonan, Dios permanece contigo”. Los ómnibus de Washington decían lo siguiente: “Por qué creer en Dios? Sé bueno tan solo por tu bondad.”

Un español que quiso probar cada ómnibus al bajarse dijo:  “Nada, que son iguales los dos.” Además de sonreír me hizo reflexionar sobre las batallas que libramos para defender a Dios y las que dejamos de librar  de tal manera que las personas puedan verlo reflejado en nuestras vidas.  Si nuestra fe sólo alcanza para involucrarnos en recorridos de ómnibus que no le pudieron cambiar la vida a nadie, es igual a cualquier otra propaganda donde ofertamos un producto  poco auténtico.

Por unos instantes recordé tantas vallas en Cuba anunciando ideas que ningún cubano ha creído como aquella de: “Somos felices aquí”, contrastando con las miles de vidas que se han lanzado al mar en actos suicidas.

La cuestión no está en ser protagonistas de una idea por unas semanas, es vivir lo que creemos de tal manera que cuando alguien lea uno de esos letreros no tan ateos pueda decir: “Yo conozco a un seguidor suyo y no me ha defraudado.”

“Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa.” Romanos 1:20 (NVI)

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