Volver a empezar
Cuando se ha vivido por nuestras propias fuerzas se aprende a perder. Cuando se aprende de dónde proviene la verdadera sabiduría se teme, en el verdadero sentido de la palabra.
Es por eso que las fórmulas triunfalistas se desvanecen por estos días. Estudia y aprenderás, ya no se vale. Trabaja y ganarás lo suficiente, tampoco. Invierte dinero y serás rico ¡mucho menos! Pero no es de todos aprender estas duras realidades.
Es necesario vivir etapa tras etapa de la vida. Mirar al cielo azul sereno y no ver siquiera una nube que indique que mañana terminará la sequía, pero aspirar la humedad en el aire con la fe. Y llueve.
O cambiar de estilo de vida cuando ya la velocidad ha aminorado. Pero corremos, no como los impacientes, en la otra carrilera, pero llegamos.
Es necesario haber esperado, más de lo debido, cuando las ilusiones se han desvanecido. Pero ha valido la pena, hemos conocido facetas nuestras, de los más queridos, y del mismo Dios desconocidas e ignoradas que nos hacen más fuertes y sensibles para poder valorar mejor ahora desde la sonrisa de un niño hasta el amanecer cotidiano.
Volver a empezar, una y otra vez. Eso es vivir. Y nunca seremos los mismos, peores o mejores, ese es el dilema entre Dios y el hombre en su diario bregar con nosotros.
“El amor del Señor no tiene fin, ni se han agotado sus bondades. Cada mañana se renuevan; ¡qué grande es su fidelidad! Y me digo: ¡El Señor lo es todo para mí, por eso en él confío! Lamentaciones 3:22-24
Es verdad!